Observemos… cada vez hay un mayor número de profesionales procedentes de otras culturas. Hasta ahora, tan sólo veíamos trabajadores poco cualificados e igualmente remunerados procedentes de otros países o culturas; esto está cambiando, cada vez son más las personas con las que convivimos en las organizaciones que poseen otros patrones de comportamiento a los que no estamos acostumbrados.
Si bien “La cultura es el conjunto de todas las formas, los modelos o los patrones, explícitos o implícitos, a través de los cuales una sociedad regula el comportamiento de las personas que la conforman” (Wikipedia), de ahí podemos extraer que la comunicación entre las personas de diferentes culturas es más dificultosa en función de esos modelos de comportamientos a los que se está habituado.
Las situaciones en las que se esperan ciertos modelos o formas de comportamientos podrían ser una entrevista de trabajo, una reunión formativa o la simple relación entre compañeros. En todas esas situaciones las partes que intervienen tienen unas ideas preconcebidas de lo que se espera de ellos. Así, la falta de comprensión de “la otra cultura” puede hacer que perdamos a un gran colaborador, nos alejemos de un fabuloso puesto de trabajo, planteemos una mala formación o entorpezcamos las relaciones entre compañeros…
En esta forma, si fomentamos la convivencia, la tolerancia y la formación intercultural podemos retroalimentarnos para generar espacios de pensamiento amplios en los que la generación de nuevas ideas nos lleven a hacer crecer a las organizaciones.
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¿En la inmensidad? Sí, en la inmensidad… en la inmensidad del todo…
Como comenté anteriormente, los cambios producen comunmente una resistencia. Dicha resistencia se verá mermada si tenemos en cuenta una serie de factores que van a influir en el buen acogimiento de las nuevas propuestas.