Hablamos de crisis, de dificultades… y no paro de leer en otros blogs sobre lo que provoca en nosotros esos comentarios, esas conversaciones y esos comportamientos derrotistas.
Nos aferramos a esa actitud generalizada usándola como justificación a nuestras derrotas, a nuestras dificultades a la hora de buscar empleo, de conseguir clientes…
Y no buscamos soluciones, nos acomodamos a los hechos siguiendo la ola que nos lleva a lo más hondo. ¿Es una manera de justificar nuestros fracasos? ¿Es una actitud ante la vida?… ¿es momentáneo o será algo que nos marque para siempre acomodándonos a la “no lucha”? ¿seremos capaces de caernos y levantarnos cada vez, aprendiendo de nuestros errores, creciendo internamente?
Seamos conscientes de que sólo nosotros somos poseedores de nuestro destino, domadores de nuestro circo… eso es lo que nos hace personas responsables con nosotros mismos y con los que nos rodean; porque ahora mismo parece que todo vale, pero cuando, dentro de unos años echemos la vista atrás, quizá nos arrepintamos del tiempo perdido, de las oportunidades dejadas pasar…
Seamos, como digo, egoístas, no nos dejemos llevar, luchemos por nosotros, por nuestros logros como personas y como profesionales.
Adoptemos ciertas actitudes que nos ayuden a seguir hacia adelante:
- Seamos conscientes de lo que ocurre a nuestro alrededor. Ser positivo no es ser un inconsciente; hay que ser objetivo, saber lo que ocurre a nuestro alrededor para poder analizarlo y evaluarlo.
- Veamos las dificultades del mercado como nuestras oportunidades, siendo creativos, adaptándonos a las circunstancias y siendo un poco más generosos de lo que acostumbramos.
- Adoptemos el intercambio de ideas como una forma de vida que nos ayude a crecer, a reflexionar y a ver las cosas desde diferentes posturas.
- Seamos adaptables en todo, sí; ante un mercado tan cambiante sólo sobrevivirán los “adaptados”, los que sin problemas adoptan formas de comportamiento y pensamiento adaptadas a las circunstancias.
- Veamos la circunstancia actual como algo de lo que vamos a aprender.
- Observemos a los que nos rodean, aprendamos de ellos; por que en muchas ocasiones, inmersos en nuestro trabajo (normalmente pensamos que es más importante que el de los demás) dejamos pasar actitudes muy interesantes.
- Trabajemos en equipo, los demás nos pueden hacer ver cosas a las que por nosotros mismos nunca llegaríamos.
- Estemos informados de lo que ocurre a nuestro alrededor. Será la manera de ver las oportunidades que nos rodean.
- Mantengamos relaciones enriquecedoras con otros profesionales… ahí también podremos encontrar oportunidades.
Reflexionemos y actuemos bajo estos parámetros… no los dejemos de lado, intentemos ser más eficientes y reaccionar ante las circunstancias.

En la actualidad, y debido a la cantidad de cambios que se producen en las organizaciones, los altos niveles de rotación y al mercado en sí, se hace más evidente que nunca la necesidad de concienciar a los trabajadores, a los líderes de equipo, a los directivos… de la necesidad de hacer políticas de Gestión del Conocimiento que ayuden a organizar, orientar y dirigir el conocimiento de la organización hacia el crecimiento.
Creo que aún no muchas organizaciones tienen claro la necesidad de transmitir unos valores a sus colaboradores. ¿Por qué es tan costoso transmitir la importancia de los valores?, ¿por qué, en la mayoría de las empresas no se dedica tiempo a esto?
Como comenté anteriormente, los cambios producen comunmente una resistencia. Dicha resistencia se verá mermada si tenemos en cuenta una serie de factores que van a influir en el buen acogimiento de las nuevas propuestas.
El ser humano se rige por costumbres y rutinas que son las que le dan seguridad en la realización y organización de tareas y en la vida en general. Por eso, cuando adquirimos una determinada rutina o costumbre nos supone un esfuerzo cambiarla o adaptarla a nuevas situaciones; se han de producir ciertos reajustes para sentirnos tan cómodos como estábamos con las anteriores. Esta experiencia, experimentada en nuestra vida en repetidas ocasiones, nos produce una resistencia general hacia el cambio.